jueves, 19 de marzo de 2015

El príncipe azul

  ¡Ay, el príncipe azul! Ese hombre maravilloso que vendrá a nosotras de un día para el otro sobre un caballo blanco para convertirnos en esa gran reina que muchas soñamos ser. El príncipe apuesto, alto de ojos claros, de buena (¡muy buena!) posición económica, valiente, sabio, cortés, gentil, un poco pícaro, gracioso, elegantísimo, y cuando habla parece que no existen palabras más dulces en el mundo. Además, su moral es intachable, su nobleza no conoce límites y lo mejor de todo es que... ¡Su corazón es completamente nuestro! 
   Todo es muy real y perfecto ¿No? Tanto que sólo puede existir bajo el rótulo "Cuentos de hadas", y desde mi punto de vista, ahí es donde pertenece, y nada más. Pero ¿A dónde estoy queriendo llegar con todo esto? Bueno, primero voy a relatar más o menos la forma en que llegué a pensar en el tema para esta entrada. 
   En una de mis tantas maquinaciones mentales, llegué a pensar en el amor, en la manera en las personas van de relación en relación sin que sean del todo felices. ¿Por qué parece tan complicado permanecer al lado de la misma persona durante lo que queda de viaje (entiéndase, toda la vida)? Y entonces asomó la cabeza este peculiar personaje de ficción susurrando "¿Será que me están buscando a mí?". Lo cierto es que no voy por la vida alucinando príncipes con un ego más grande que ellos mismos, pero lo que sí es verdad es sus palabras parecían tener sentido. Y cabe decir que la ilusión del príncipe azul tiene su contraparte, que vendría a ser... ¿La princesa rosa?.
   Y así, sin más preámbulos, llego a mi primera conclusión: el príncipe azul no existe. Por lo que puedo pensar, creer, ver o analizar del mundo que me rodea, no me parece que un ser como ese pueda existir. A lo sumo, creo que todos somos sapos que van saltando de charco en charco buscando a otro ser que sea compatible con nosotros, y la magia está en que un simple beso sea el que transforme al otro en alguien de la nobleza. El problema está cuando a pesar de todos los besos, todos los abrazos y todos los hechizos de amor conocidos por el hombre no son suficientes para que el batracio que tenemos en frente cambie de forma. O quizás, el verdadero problema está en que no podemos aceptar a dicha criatura tal como es (y que de hecho, es imposible que se tranforme, por muchos sangre azul que queramos inyectarle)
   Y he aquí el meollo de la cuestión: Si el príncipe azul no existe ¿Qué buscamos? Lo que me parece a mí, y ustedes pueden o no estar de acuerdo, es esa misma ilusión. Como en cualquier "Síndrome de enamoramiento", al principio hay muchas cosas en el otro que no son del todo buenas pero que no podemos ver, como si existiera un filtro de imperfecciones humanas cuyo poder no percibimos y que nos hace ver al otro como un ser luminoso, puro, perfecto. "¿Será mi media naranja? ¿Acaso ésta es la persona con la que compartiré mi vida?" Habiendo tantas personas en el mundo y tantas historias de amores imposibles que resultaron bien, es muy difícil responder con seguridad. Pero cuando la anestesia de la primera etapa de una pareja va perdiendo el efecto y vemos que esa cara angelical no es más que una cobertura, entonces es hora de decir adiós... ¿No?
   Bueno, mi humilde opinión apunta a que es completamente válido ir por el "sí", y tocar otra puerta con la esperanza de que esta vez, sea el verdadero amor quien la abra. O por el contrario, podríamos sentarnos a tomar el té con masitas mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro personaje favorito (ante la duda, leer el título de la entrada). En cualquier caso, esta elección es tan válida como inútil, yo creo sinceramente que cuando se trata de amores "verdaderos", lo realmente válido es dejar de creer en cuentos infantiles y salir al mundo real con la convicción de que uno no puede esperar nada de nadie, y que si el amor es un juego, más vale jugarlo bien, sin trampas ni rodeos, sin morder ni dejarse morder por el otro. ¿Por qué? Porque todos somos vulnerables ante eso, nadie elige enamorarse de otra persona, ni puede obligar al otro a enamorarse de uno, peeeeroooo... ¡Aún hay esperanza! Dado que existen personas que han permanecido unidas desde el matrimonio (o no, se que no todos elijen casarse, no me maten por anticuada) hasta ver la luz al final del túnel, y que a pesar de todos los problemas lograron perdonarse y seguir adelante, entonces debe ser que existe una verdadera magia, un hechizo que hace efecto de verdad y que está al alcance de todos. Yo no puedo dárselos por propia experiencia, porque no viví en carne propia lo que estar casado por más de cuatro o cinco décadas con el mismo hombre/mujer/organismo "x", pero intuyo que se trata de algo que cada vez es más raro de encontrar y que es una combinación de varias cosas: respeto, tolerancia, confianza, comunicación, compromiso. Darse cuenta de que el amor es aceptar al otro como es... o en todo caso, hablar de eso que resulta definitivamente intolerante, más allá del cariño o la aceptación o todo compromiso. Porque el amor no es forzar lo propio ni lo ajeno, no es rogar ni humillarse o humillar al otro, ni tolerar "solo por amor" todas sus perversidades o abusos de forma callada y sumisa; sino verlo como un igual (único a su manera, pero igual a mí), con los mismos derechos y libertades, con sus propios miedos y dudas, sueños y aspiraciones, que pueden o no coincidir con los propios. 
   Por lo pronto, no quiero complicar más las cosas, sé que a pesar de todo, cada persona es un mundo y no todas las parejas son viables sólo porque se respeten mutuamente o se comuniquen mucho, hay muchísimas cosas más en juego (e invito a quien se atreva a dejar un comentario dando su opinión), pero por hoy sólo vine a hablar de por qué estoy convencida de que el famoso príncipe azul está en la cabeza de cada una/o, y no es alguien de carne y hueso. Más bien, creo que se trata de saber y aceptar que el otro es un simpático y tierno cururú, pero verlo como un gallardo príncipe todos los días (¡ay, el amor! ¿No decían que era ciego?), a pesar de que el resto de tus familiares y amigos vivan con la duda del "¿QUÉ le vió a ese/a?". Así que mi segunda conclusión es la siguiente: en lugar de llenarse la cabeza y el corazón con tantas dudas, inseguridades, recriminaciones y miedos, lo más sano sería salir de la caparazón propia y abrirse a nuevas oportunidades, dejar entrar el amor y entregar lo bueno que tenemos escondido, que el mundo sepa de la luz que escondemos. Atreverse a sentir, a dejar que las cosas sean y perder el temor al dolor o a equivocarse, porque creo que es parte de la vida (y en esta parte, sí hablo por experiencia propia). "Un corazón herido puede sanar, pero uno cerrado se petrifica y muere", si la memoria no me falla. 
   Basta de la dulce espera, de las ilusiones, de los príncipes azules que al final no llegan ni llegarán. En todo caso, es preferible salir uno mismo al mundo y atreverse a amar. Sin lastimar, sin permitir que te lastimen (suena sencillo, ¿no? lástima que no lo sea), sin saltar de un charco al otro en busca de... ¿De qué? El amor se construye de a dos, con el compromiso diario, volviéndose a elegir mutuamente a pesar de esas pequeñas tormentas que cubren la luz del sol, pero recuerden: siempre que llovió, paró. 
   Escribí esto desde el enojo, como una queja contra este mundo anti-romántico que pinta paisajes inhumanos y que te exige todos los días algo nuevo y distinto. Sé que esta entrada está media agarrada con alfileres, y podría mejorarse de muchas maneras, pero es lo que me sale escribir hoy, y algunos podrían estar de acuerdo, o no... suponiendo que alguien lo lea. 
   Hasta que la inspiración vuelva a mí, le deseo muy buen día, a usted que se tomó su tiempo para leer mi diario.

P.D.: Lo de "Príncipe" (en masculino) es sólo porque normalmente se habla de él en masculino, pero en realidad no busco reprochar a los integrantes de un género en particular. Hay hombres, mujeres, bisexuales, transexuales, pansexuales, homosexuales, sapos, ranas, etc, etc, que viven en la interminable aventura de hallar su "amor verdadero" y siempre fracasan por tener como eje de referencia a este símbolo imposible que el príncipe azul suele encarnar en los cuentos de hadas. Por favor, arenosos abstenerse de leer esto como un ataque en su contra.

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