Hoy quisiera ser esa alma etérea que ya no puede ser herida, porque se ha despojado a sí misma de todo temor, de toda tragedia, de todo dolor. Aislada en el inmenso cosmos, solitaria y fría, fugaz y eterna.
El Diario de Miss M.
Bienvenidos, damas y caballeros, a mi blog. Aquí es donde comparto con ustedes los frutos de mi tormentosa imaginación, siéntase libres de comentar y recomendar lo que aquí lean, o dejarme algún consejo. Desde ya, querido lector o lectora ¡Gracias por leer mi diario!
lunes, 8 de junio de 2015
Hoy quisiera...
Hoy quisiera ser esa alma etérea que ya no puede ser herida, porque se ha despojado a sí misma de todo temor, de toda tragedia, de todo dolor. Aislada en el inmenso cosmos, solitaria y fría, fugaz y eterna.
jueves, 19 de marzo de 2015
El príncipe azul
¡Ay, el príncipe azul! Ese hombre maravilloso que vendrá a nosotras de un día para el otro sobre un caballo blanco para convertirnos en esa gran reina que muchas soñamos ser. El príncipe apuesto, alto de ojos claros, de buena (¡muy buena!) posición económica, valiente, sabio, cortés, gentil, un poco pícaro, gracioso, elegantísimo, y cuando habla parece que no existen palabras más dulces en el mundo. Además, su moral es intachable, su nobleza no conoce límites y lo mejor de todo es que... ¡Su corazón es completamente nuestro!
En una de mis tantas maquinaciones mentales, llegué a pensar en el amor, en la manera en las personas van de relación en relación sin que sean del todo felices. ¿Por qué parece tan complicado permanecer al lado de la misma persona durante lo que queda de viaje (entiéndase, toda la vida)? Y entonces asomó la cabeza este peculiar personaje de ficción susurrando "¿Será que me están buscando a mí?". Lo cierto es que no voy por la vida alucinando príncipes con un ego más grande que ellos mismos, pero lo que sí es verdad es sus palabras parecían tener sentido. Y cabe decir que la ilusión del príncipe azul tiene su contraparte, que vendría a ser... ¿La princesa rosa?.
Todo es muy real y perfecto ¿No? Tanto que sólo puede existir bajo el rótulo "Cuentos de hadas", y desde mi punto de vista, ahí es donde pertenece, y nada más. Pero ¿A dónde estoy queriendo llegar con todo esto? Bueno, primero voy a relatar más o menos la forma en que llegué a pensar en el tema para esta entrada.
Y así, sin más preámbulos, llego a mi primera conclusión: el príncipe azul no existe. Por lo que puedo pensar, creer, ver o analizar del mundo que me rodea, no me parece que un ser como ese pueda existir. A lo sumo, creo que todos somos sapos que van saltando de charco en charco buscando a otro ser que sea compatible con nosotros, y la magia está en que un simple beso sea el que transforme al otro en alguien de la nobleza. El problema está cuando a pesar de todos los besos, todos los abrazos y todos los hechizos de amor conocidos por el hombre no son suficientes para que el batracio que tenemos en frente cambie de forma. O quizás, el verdadero problema está en que no podemos aceptar a dicha criatura tal como es (y que de hecho, es imposible que se tranforme, por muchos sangre azul que queramos inyectarle)
Y he aquí el meollo de la cuestión: Si el príncipe azul no existe ¿Qué buscamos? Lo que me parece a mí, y ustedes pueden o no estar de acuerdo, es esa misma ilusión. Como en cualquier "Síndrome de enamoramiento", al principio hay muchas cosas en el otro que no son del todo buenas pero que no podemos ver, como si existiera un filtro de imperfecciones humanas cuyo poder no percibimos y que nos hace ver al otro como un ser luminoso, puro, perfecto. "¿Será mi media naranja? ¿Acaso ésta es la persona con la que compartiré mi vida?" Habiendo tantas personas en el mundo y tantas historias de amores imposibles que resultaron bien, es muy difícil responder con seguridad. Pero cuando la anestesia de la primera etapa de una pareja va perdiendo el efecto y vemos que esa cara angelical no es más que una cobertura, entonces es hora de decir adiós... ¿No?
Bueno, mi humilde opinión apunta a que es completamente válido ir por el "sí", y tocar otra puerta con la esperanza de que esta vez, sea el verdadero amor quien la abra. O por el contrario, podríamos sentarnos a tomar el té con masitas mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro personaje favorito (ante la duda, leer el título de la entrada). En cualquier caso, esta elección es tan válida como inútil, yo creo sinceramente que cuando se trata de amores "verdaderos", lo realmente válido es dejar de creer en cuentos infantiles y salir al mundo real con la convicción de que uno no puede esperar nada de nadie, y que si el amor es un juego, más vale jugarlo bien, sin trampas ni rodeos, sin morder ni dejarse morder por el otro. ¿Por qué? Porque todos somos vulnerables ante eso, nadie elige enamorarse de otra persona, ni puede obligar al otro a enamorarse de uno, peeeeroooo... ¡Aún hay esperanza! Dado que existen personas que han permanecido unidas desde el matrimonio (o no, se que no todos elijen casarse, no me maten por anticuada) hasta ver la luz al final del túnel, y que a pesar de todos los problemas lograron perdonarse y seguir adelante, entonces debe ser que existe una verdadera magia, un hechizo que hace efecto de verdad y que está al alcance de todos. Yo no puedo dárselos por propia experiencia, porque no viví en carne propia lo que estar casado por más de cuatro o cinco décadas con el mismo hombre/mujer/organismo "x", pero intuyo que se trata de algo que cada vez es más raro de encontrar y que es una combinación de varias cosas: respeto, tolerancia, confianza, comunicación, compromiso. Darse cuenta de que el amor es aceptar al otro como es... o en todo caso, hablar de eso que resulta definitivamente intolerante, más allá del cariño o la aceptación o todo compromiso. Porque el amor no es forzar lo propio ni lo ajeno, no es rogar ni humillarse o humillar al otro, ni tolerar "solo por amor" todas sus perversidades o abusos de forma callada y sumisa; sino verlo como un igual (único a su manera, pero igual a mí), con los mismos derechos y libertades, con sus propios miedos y dudas, sueños y aspiraciones, que pueden o no coincidir con los propios.
Por lo pronto, no quiero complicar más las cosas, sé que a pesar de todo, cada persona es un mundo y no todas las parejas son viables sólo porque se respeten mutuamente o se comuniquen mucho, hay muchísimas cosas más en juego (e invito a quien se atreva a dejar un comentario dando su opinión), pero por hoy sólo vine a hablar de por qué estoy convencida de que el famoso príncipe azul está en la cabeza de cada una/o, y no es alguien de carne y hueso. Más bien, creo que se trata de saber y aceptar que el otro es un simpático y tierno cururú, pero verlo como un gallardo príncipe todos los días (¡ay, el amor! ¿No decían que era ciego?), a pesar de que el resto de tus familiares y amigos vivan con la duda del "¿QUÉ le vió a ese/a?". Así que mi segunda conclusión es la siguiente: en lugar de llenarse la cabeza y el corazón con tantas dudas, inseguridades, recriminaciones y miedos, lo más sano sería salir de la caparazón propia y abrirse a nuevas oportunidades, dejar entrar el amor y entregar lo bueno que tenemos escondido, que el mundo sepa de la luz que escondemos. Atreverse a sentir, a dejar que las cosas sean y perder el temor al dolor o a equivocarse, porque creo que es parte de la vida (y en esta parte, sí hablo por experiencia propia). "Un corazón herido puede sanar, pero uno cerrado se petrifica y muere", si la memoria no me falla.
Basta de la dulce espera, de las ilusiones, de los príncipes azules que al final no llegan ni llegarán. En todo caso, es preferible salir uno mismo al mundo y atreverse a amar. Sin lastimar, sin permitir que te lastimen (suena sencillo, ¿no? lástima que no lo sea), sin saltar de un charco al otro en busca de... ¿De qué? El amor se construye de a dos, con el compromiso diario, volviéndose a elegir mutuamente a pesar de esas pequeñas tormentas que cubren la luz del sol, pero recuerden: siempre que llovió, paró.
Escribí esto desde el enojo, como una queja contra este mundo anti-romántico que pinta paisajes inhumanos y que te exige todos los días algo nuevo y distinto. Sé que esta entrada está media agarrada con alfileres, y podría mejorarse de muchas maneras, pero es lo que me sale escribir hoy, y algunos podrían estar de acuerdo, o no... suponiendo que alguien lo lea.
Hasta que la inspiración vuelva a mí, le deseo muy buen día, a usted que se tomó su tiempo para leer mi diario.
P.D.: Lo de "Príncipe" (en masculino) es sólo porque normalmente se habla de él en masculino, pero en realidad no busco reprochar a los integrantes de un género en particular. Hay hombres, mujeres, bisexuales, transexuales, pansexuales, homosexuales, sapos, ranas, etc, etc, que viven en la interminable aventura de hallar su "amor verdadero" y siempre fracasan por tener como eje de referencia a este símbolo imposible que el príncipe azul suele encarnar en los cuentos de hadas. Por favor, arenosos abstenerse de leer esto como un ataque en su contra.
Bueno, mi humilde opinión apunta a que es completamente válido ir por el "sí", y tocar otra puerta con la esperanza de que esta vez, sea el verdadero amor quien la abra. O por el contrario, podríamos sentarnos a tomar el té con masitas mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro personaje favorito (ante la duda, leer el título de la entrada). En cualquier caso, esta elección es tan válida como inútil, yo creo sinceramente que cuando se trata de amores "verdaderos", lo realmente válido es dejar de creer en cuentos infantiles y salir al mundo real con la convicción de que uno no puede esperar nada de nadie, y que si el amor es un juego, más vale jugarlo bien, sin trampas ni rodeos, sin morder ni dejarse morder por el otro. ¿Por qué? Porque todos somos vulnerables ante eso, nadie elige enamorarse de otra persona, ni puede obligar al otro a enamorarse de uno, peeeeroooo... ¡Aún hay esperanza! Dado que existen personas que han permanecido unidas desde el matrimonio (o no, se que no todos elijen casarse, no me maten por anticuada) hasta ver la luz al final del túnel, y que a pesar de todos los problemas lograron perdonarse y seguir adelante, entonces debe ser que existe una verdadera magia, un hechizo que hace efecto de verdad y que está al alcance de todos. Yo no puedo dárselos por propia experiencia, porque no viví en carne propia lo que estar casado por más de cuatro o cinco décadas con el mismo hombre/mujer/organismo "x", pero intuyo que se trata de algo que cada vez es más raro de encontrar y que es una combinación de varias cosas: respeto, tolerancia, confianza, comunicación, compromiso. Darse cuenta de que el amor es aceptar al otro como es... o en todo caso, hablar de eso que resulta definitivamente intolerante, más allá del cariño o la aceptación o todo compromiso. Porque el amor no es forzar lo propio ni lo ajeno, no es rogar ni humillarse o humillar al otro, ni tolerar "solo por amor" todas sus perversidades o abusos de forma callada y sumisa; sino verlo como un igual (único a su manera, pero igual a mí), con los mismos derechos y libertades, con sus propios miedos y dudas, sueños y aspiraciones, que pueden o no coincidir con los propios.
Por lo pronto, no quiero complicar más las cosas, sé que a pesar de todo, cada persona es un mundo y no todas las parejas son viables sólo porque se respeten mutuamente o se comuniquen mucho, hay muchísimas cosas más en juego (e invito a quien se atreva a dejar un comentario dando su opinión), pero por hoy sólo vine a hablar de por qué estoy convencida de que el famoso príncipe azul está en la cabeza de cada una/o, y no es alguien de carne y hueso. Más bien, creo que se trata de saber y aceptar que el otro es un simpático y tierno cururú, pero verlo como un gallardo príncipe todos los días (¡ay, el amor! ¿No decían que era ciego?), a pesar de que el resto de tus familiares y amigos vivan con la duda del "¿QUÉ le vió a ese/a?". Así que mi segunda conclusión es la siguiente: en lugar de llenarse la cabeza y el corazón con tantas dudas, inseguridades, recriminaciones y miedos, lo más sano sería salir de la caparazón propia y abrirse a nuevas oportunidades, dejar entrar el amor y entregar lo bueno que tenemos escondido, que el mundo sepa de la luz que escondemos. Atreverse a sentir, a dejar que las cosas sean y perder el temor al dolor o a equivocarse, porque creo que es parte de la vida (y en esta parte, sí hablo por experiencia propia). "Un corazón herido puede sanar, pero uno cerrado se petrifica y muere", si la memoria no me falla.
Basta de la dulce espera, de las ilusiones, de los príncipes azules que al final no llegan ni llegarán. En todo caso, es preferible salir uno mismo al mundo y atreverse a amar. Sin lastimar, sin permitir que te lastimen (suena sencillo, ¿no? lástima que no lo sea), sin saltar de un charco al otro en busca de... ¿De qué? El amor se construye de a dos, con el compromiso diario, volviéndose a elegir mutuamente a pesar de esas pequeñas tormentas que cubren la luz del sol, pero recuerden: siempre que llovió, paró.
Escribí esto desde el enojo, como una queja contra este mundo anti-romántico que pinta paisajes inhumanos y que te exige todos los días algo nuevo y distinto. Sé que esta entrada está media agarrada con alfileres, y podría mejorarse de muchas maneras, pero es lo que me sale escribir hoy, y algunos podrían estar de acuerdo, o no... suponiendo que alguien lo lea.
Hasta que la inspiración vuelva a mí, le deseo muy buen día, a usted que se tomó su tiempo para leer mi diario.
P.D.: Lo de "Príncipe" (en masculino) es sólo porque normalmente se habla de él en masculino, pero en realidad no busco reprochar a los integrantes de un género en particular. Hay hombres, mujeres, bisexuales, transexuales, pansexuales, homosexuales, sapos, ranas, etc, etc, que viven en la interminable aventura de hallar su "amor verdadero" y siempre fracasan por tener como eje de referencia a este símbolo imposible que el príncipe azul suele encarnar en los cuentos de hadas. Por favor, arenosos abstenerse de leer esto como un ataque en su contra.
lunes, 16 de marzo de 2015
¿Perdiendo la fe?
Hola, he vuelto de la vida para caer en este agujero florido y oscuro que es mi blog. Puede sonar un poco raro eso de "volver de la vida", pero la verdad es que la única (o al menos, la más grande) utilidad que le doy a este espacio es el de descargarme, dejar salir todo lo feo, lo malo, lo que me aqueja y lo que me hace sufrir. Generalmente trato de hacerlo de manera poética e indirecta, pero hoy no tengo tantas ganas. De hecho, pocas son las cosas que me dan algún tipo de entusiasmo y felicidad hoy en día. Cosa lamentable.
Mi existencia, por el momento, se reduce a soñar y soñar, y esa actividad sirve para mi como una droga gratuita, que solo pide tiempo y un poco de concentración. La verdad es que mientras estoy en mi casa, la gran parte del tiempo sólo desearía estar en otro lugar, lejano y tranquilo. Desearía ver paisajes inhóspitos, compartir mis historias y mis fantasías con alguien más (bueno, este punto lo tengo cubierto, gracias al cielo). Confieso que soy una chica triste, reflexiva, con una autoestima que parece viajar por una montaña rusa. Una chica auto-represiva que calla los gritos y todo el llanto para mantener una apariencia tan superficial como vana, que busca imitar algún tipo de serenidad, o al menos, normalidad. ¡Es que perdí la fe en tantas cosas! La fe en mi familia, en las promesas de la gente, en las palabras de los políticos (nunca las creí, pero antes no me importaba), en las supuestas aflicciones de las "divas" de la televisión que salen llorando y desmintiendo/corroborando romances y gritando lo mucho que aman a XXXX (y no, no es porque tenga plata o fama, sino por lo que realmente es como persona *cof**cof*), y así la lista sigue.
La verdad es que en el último año aprendí a descubrir lo hostil que es el mundo, y cuánta pena abunda en los corazones de la gente. Y al ver ese tipo de cosas sólo se me ocurre pensar de qué manera podría educar a mis hijos para que a pesar de todo puedan ser felices, para que puedan prescindir de la hostilidad y los prejuicios para comunicarse y tratar al resto. Y sobre todo, para que aprendan a ver el vaso medio lleno y nunca pierdan la fe.
De verdad que es feo perder la esperanza en las cosas, creo que esa es la causa de que veamos y vivamos cada día como si fuera igual al anterior, y eso me da miedo, porque no quiero que mi rutina se convierta en una tortura, sino en un camino que me lleve a algún lugar. Y por ahora, afortunadamente ese eje que me marca el horizonte es mi carrera universitaria. Creo que lo dije antes (creo), actualmente soy estudiante de Psicología, y son como mínimo 6 años de estudio. En una semana exactamente empiezo mi segundo año, y estoy... feliz, porque siento que es el camino que tengo que seguir, realmente siento el llamado de la vocación, cosa que no ocurre con mis artesanías (lo que otros llamarían "obras de arte").
Para hablar un poco más sobre este último punto de Psicología vs "Arte", quiero decir que soy artesana, y me refiero a que me considero muy habilidosa para hacer figurillas de porcelana fría, aunque también sé que me falta mucho para llegar a la excelencia. Desde el año pasado, me dedico a hacer llaveros e imanes de porcelana fría, y también algunas pulseras. He hecho algunas muñecas (cosa que me cansó luego de un tiempo porque no me satisfacía el resultado), teteras, galletas, cupcakes, panquesitos, platos de desayuno, medialunas, paletas, animales (pandas, pulpos, conejos, entre otros), etc.. Diría que es una actividad más terapéutica que el dibujo, pero más inútil por ahora. Y realmente me gustan las miniaturas. Como último comentario: he vendido algunas de mis cosas y planeo vender las que me quedan, espero que entonces pueda costear todos los materiales que debo reponer y mis apuntes de este año, como mínimo.
Pero mis artesanías son eso: una "terapia" (que ni siquiera funciona del todo, pero que aprecio muchísimo igual), un hobby, un pasatiempo que a la vez sustenta otras actividades mías más ligadas al ocio... pero no es mi vocación (cabe decir que aunque hablo un poco desdeñosamente de las artesanías, me refiero solamente a eso: las miniaturas que hago para vender)
En cambio, mis estudios me dan seguridad, aprender me da el placer y las herramientas que necesito para lograr mi futura independencia. No se trata sólo de conseguir el título y ejercer la profesión sino de realizarme como persona. ¿Y por qué Psicología? Porque es la mano que me extiende la llave del gran laberinto que es la mente humana. Hasta ahora muchos caminos fueron trazados, pero lo más seguro es que son muchos más los que aún no se abrieron, y en una época agresiva y cambiante como la nuestra, la identidad de lo que es puramente humano parece desdibujarse cada vez más. Mi ambición apunta hacia ese polo: la investigación, el análisis de lo que la mente humana sufre y como re-encaminar al hombre para que vuelva a encontrarse consigo mismo. Y ahí es donde entra mi verdadero Arte.
Tengo esta esperanza intacta, tan conciliadora de mis dos pasiones: el arte y mi carrera. Espero en el futuro utilizar el arte para ayudar a mis pacientes, que se convierta en una terapia sanadora que ayude a que afloren todos los males para arrancarlos de raíz. Sueño con que el arte en cualquiera de sus formas ayude a la gente a materializar eso que los aqueja y desprenderse de ello; y por otro lado, también a proyectar en una obra personal todo lo bello que guardan en sus almas. Sueño con ser parte de ese proceso de "humanización". Podría decir que además, sueño con convertir mi profesión en un arte, ejercerla de forma bella, noble, sin poner al dinero en primer lugar.
Y quizás digo todo esto partiendo del mismo miedo a apagarme, a romperme y terminar siendo una cáscara superficial que se mueve impulsada por intereses materiales, incapaz de abstraer lo verdaderamente bueno y bello de la vida. ¿Cómo podría una cáscara sin alma curar a un ser humano herido?
Así que.. quiero cerrar (un poco abruptamente) esta entrada con algunas conclusiones:
_ Me considero una artesana, y también una artista (que no son la misma cosa)
_Me considero más artista que artesana.
_En mi tristeza y reflexiones, todavía guardo una cajita repleta de fe en el futuro.
_Ojalá pudiera escribir más seguido.
_No pienso rendirme ante la adversidad, porque aunque muchas cosas parezcan inciertas o tiendan a desaparecer o doblarse, hay algunas que permanecen siempre fuertes y brillantes.
_El amor que doy y recibo diariamente es lo más bello que tengo en la vida.
Y esto es todo por ahora, ya me siento mejor después de la catarsis. Quisiera saber si quien lee esto piensa como yo, si tiene otra cosa en mente, algo para agregar o para contradecirme, con eso estaría agradecida. Me voy despidiendo con un gran saludo, que tengas un buen día.
Mi existencia, por el momento, se reduce a soñar y soñar, y esa actividad sirve para mi como una droga gratuita, que solo pide tiempo y un poco de concentración. La verdad es que mientras estoy en mi casa, la gran parte del tiempo sólo desearía estar en otro lugar, lejano y tranquilo. Desearía ver paisajes inhóspitos, compartir mis historias y mis fantasías con alguien más (bueno, este punto lo tengo cubierto, gracias al cielo). Confieso que soy una chica triste, reflexiva, con una autoestima que parece viajar por una montaña rusa. Una chica auto-represiva que calla los gritos y todo el llanto para mantener una apariencia tan superficial como vana, que busca imitar algún tipo de serenidad, o al menos, normalidad. ¡Es que perdí la fe en tantas cosas! La fe en mi familia, en las promesas de la gente, en las palabras de los políticos (nunca las creí, pero antes no me importaba), en las supuestas aflicciones de las "divas" de la televisión que salen llorando y desmintiendo/corroborando romances y gritando lo mucho que aman a XXXX (y no, no es porque tenga plata o fama, sino por lo que realmente es como persona *cof**cof*), y así la lista sigue.
La verdad es que en el último año aprendí a descubrir lo hostil que es el mundo, y cuánta pena abunda en los corazones de la gente. Y al ver ese tipo de cosas sólo se me ocurre pensar de qué manera podría educar a mis hijos para que a pesar de todo puedan ser felices, para que puedan prescindir de la hostilidad y los prejuicios para comunicarse y tratar al resto. Y sobre todo, para que aprendan a ver el vaso medio lleno y nunca pierdan la fe.
De verdad que es feo perder la esperanza en las cosas, creo que esa es la causa de que veamos y vivamos cada día como si fuera igual al anterior, y eso me da miedo, porque no quiero que mi rutina se convierta en una tortura, sino en un camino que me lleve a algún lugar. Y por ahora, afortunadamente ese eje que me marca el horizonte es mi carrera universitaria. Creo que lo dije antes (creo), actualmente soy estudiante de Psicología, y son como mínimo 6 años de estudio. En una semana exactamente empiezo mi segundo año, y estoy... feliz, porque siento que es el camino que tengo que seguir, realmente siento el llamado de la vocación, cosa que no ocurre con mis artesanías (lo que otros llamarían "obras de arte").
Para hablar un poco más sobre este último punto de Psicología vs "Arte", quiero decir que soy artesana, y me refiero a que me considero muy habilidosa para hacer figurillas de porcelana fría, aunque también sé que me falta mucho para llegar a la excelencia. Desde el año pasado, me dedico a hacer llaveros e imanes de porcelana fría, y también algunas pulseras. He hecho algunas muñecas (cosa que me cansó luego de un tiempo porque no me satisfacía el resultado), teteras, galletas, cupcakes, panquesitos, platos de desayuno, medialunas, paletas, animales (pandas, pulpos, conejos, entre otros), etc.. Diría que es una actividad más terapéutica que el dibujo, pero más inútil por ahora. Y realmente me gustan las miniaturas. Como último comentario: he vendido algunas de mis cosas y planeo vender las que me quedan, espero que entonces pueda costear todos los materiales que debo reponer y mis apuntes de este año, como mínimo.
Pero mis artesanías son eso: una "terapia" (que ni siquiera funciona del todo, pero que aprecio muchísimo igual), un hobby, un pasatiempo que a la vez sustenta otras actividades mías más ligadas al ocio... pero no es mi vocación (cabe decir que aunque hablo un poco desdeñosamente de las artesanías, me refiero solamente a eso: las miniaturas que hago para vender)
En cambio, mis estudios me dan seguridad, aprender me da el placer y las herramientas que necesito para lograr mi futura independencia. No se trata sólo de conseguir el título y ejercer la profesión sino de realizarme como persona. ¿Y por qué Psicología? Porque es la mano que me extiende la llave del gran laberinto que es la mente humana. Hasta ahora muchos caminos fueron trazados, pero lo más seguro es que son muchos más los que aún no se abrieron, y en una época agresiva y cambiante como la nuestra, la identidad de lo que es puramente humano parece desdibujarse cada vez más. Mi ambición apunta hacia ese polo: la investigación, el análisis de lo que la mente humana sufre y como re-encaminar al hombre para que vuelva a encontrarse consigo mismo. Y ahí es donde entra mi verdadero Arte.
Tengo esta esperanza intacta, tan conciliadora de mis dos pasiones: el arte y mi carrera. Espero en el futuro utilizar el arte para ayudar a mis pacientes, que se convierta en una terapia sanadora que ayude a que afloren todos los males para arrancarlos de raíz. Sueño con que el arte en cualquiera de sus formas ayude a la gente a materializar eso que los aqueja y desprenderse de ello; y por otro lado, también a proyectar en una obra personal todo lo bello que guardan en sus almas. Sueño con ser parte de ese proceso de "humanización". Podría decir que además, sueño con convertir mi profesión en un arte, ejercerla de forma bella, noble, sin poner al dinero en primer lugar.
Y quizás digo todo esto partiendo del mismo miedo a apagarme, a romperme y terminar siendo una cáscara superficial que se mueve impulsada por intereses materiales, incapaz de abstraer lo verdaderamente bueno y bello de la vida. ¿Cómo podría una cáscara sin alma curar a un ser humano herido?
Así que.. quiero cerrar (un poco abruptamente) esta entrada con algunas conclusiones:
_ Me considero una artesana, y también una artista (que no son la misma cosa)
_Me considero más artista que artesana.
_En mi tristeza y reflexiones, todavía guardo una cajita repleta de fe en el futuro.
_Ojalá pudiera escribir más seguido.
_No pienso rendirme ante la adversidad, porque aunque muchas cosas parezcan inciertas o tiendan a desaparecer o doblarse, hay algunas que permanecen siempre fuertes y brillantes.
_El amor que doy y recibo diariamente es lo más bello que tengo en la vida.
Y esto es todo por ahora, ya me siento mejor después de la catarsis. Quisiera saber si quien lee esto piensa como yo, si tiene otra cosa en mente, algo para agregar o para contradecirme, con eso estaría agradecida. Me voy despidiendo con un gran saludo, que tengas un buen día.
martes, 13 de enero de 2015
¡Paso a saludar!
Hola, aproveché el día de hoy para publicar dos entradas que tenía pendientes como borradores para marcar un regreso transitorio al blog. Hace mucho que no escribo, un poco por pereza, otro poco porque simplemente no tengo nada para decir.
El año 2014 fue un reto, porque empecé una carrera universitaria, y eso sirvió de pie para un montón de preguntas sobre qué quiero lograr en mi vida, cuáles son mis verdaderas aspiraciones y demás. Conocí un montón de gente maravillosa y gente... a la que mataría si pudiera. Traté de corregir algunas mañas, desprenderme de perjuicios y opiniones, defenderme de las ideologías extremistas de los grupos políticos que pululan por tooooda la facultad, aprendí muchísimo, y la verdad es que mi primer año de Psicología (esa es la carrera que elegí, creo que no lo mencioné) fue muy satisfactorio. Y así como me gusta venir y descargarme cuando estoy triste, hoy quiero gritar de alegría porque pese a ser una chica con pocas luces la mayor parte del tiempo, me propuse varias metas y las estoy cumpliendo de a poco, conforme a mis expectativas.
A la par de mis estudios, estuve dibujando, modelando con porcelana fría, descargué juegos en mi computadora, y he paseado por todas partes dentro de la ciudad en la que vivo. Le presté más atención al mi lado lolitoso y seguí los pasos de las chicas de Zapatito de Cristal, aunque lamentablemente no pude reunirme con ellas en todo el año (me queda pendiente, algún día las voy a conocer de verdad).
Pasé una linda Navidad y un muy buen Año Nuevo con mi familia y ahora tengo la intención de empezar el 2015 llena de energía, pero dispuesta a hacer las cosas con un poco más de calma y con los ojos más abiertos.
Me despido deseándole un muy feliz año a quien sea que esté leyendo esto, acompañando el buen deseo con un fuertísimo abrazo y una taza de capuchino frío (que me encanta)
El año 2014 fue un reto, porque empecé una carrera universitaria, y eso sirvió de pie para un montón de preguntas sobre qué quiero lograr en mi vida, cuáles son mis verdaderas aspiraciones y demás. Conocí un montón de gente maravillosa y gente... a la que mataría si pudiera. Traté de corregir algunas mañas, desprenderme de perjuicios y opiniones, defenderme de las ideologías extremistas de los grupos políticos que pululan por tooooda la facultad, aprendí muchísimo, y la verdad es que mi primer año de Psicología (esa es la carrera que elegí, creo que no lo mencioné) fue muy satisfactorio. Y así como me gusta venir y descargarme cuando estoy triste, hoy quiero gritar de alegría porque pese a ser una chica con pocas luces la mayor parte del tiempo, me propuse varias metas y las estoy cumpliendo de a poco, conforme a mis expectativas.
Pasé una linda Navidad y un muy buen Año Nuevo con mi familia y ahora tengo la intención de empezar el 2015 llena de energía, pero dispuesta a hacer las cosas con un poco más de calma y con los ojos más abiertos.
Me despido deseándole un muy feliz año a quien sea que esté leyendo esto, acompañando el buen deseo con un fuertísimo abrazo y una taza de capuchino frío (que me encanta)
Pesadilla
Una flor en la montaña, una princesa dormida, una brisa matinal que sopla y desaparece al instante. En el fondo de mi corazón, el verano no ha llegado nunca, y dudo que llegue alguna vez.
Me parece que fue ayer que di mi última triste sonrisa, y desde la última canción han pasado varios llantos, mil tormentas. Y las rotas promesas que hoy se alejan con el viento, dieron vida a mis ojos, antaño. ¿Por qué son tan duros los golpes, tan frías las miradas, y por qué tus ojos se volvieron tan salvajes?¿Has olvidado lo que fuimos, lo que pensábamos ser? Y todo lo que dijimos, las vueltas que dimos y los caminos que seguimos. Aquel sueño que pintamos en nuestra imaginación ¿De verdad está tan lejos ahora?
Me tomé de la punta de una estrella, cerré los ojos y me dije que todo estaría bien, pues ahí estabas. Descubrí con el tiempo, que la fuerza de mis manos no era la misma, y aunque no quise soltarme, lo hice. Caí vertiginosamente, con miedo, y te busqué a tientas en la oscuridad pero tampoco te encontré. Aterricé en una nube. Tan lejos de casa, tan frío era todo ahí...
Me parece que fue ayer que di mi última triste sonrisa, y desde la última canción han pasado varios llantos, mil tormentas. Y las rotas promesas que hoy se alejan con el viento, dieron vida a mis ojos, antaño. ¿Por qué son tan duros los golpes, tan frías las miradas, y por qué tus ojos se volvieron tan salvajes?¿Has olvidado lo que fuimos, lo que pensábamos ser? Y todo lo que dijimos, las vueltas que dimos y los caminos que seguimos. Aquel sueño que pintamos en nuestra imaginación ¿De verdad está tan lejos ahora?
Me tomé de la punta de una estrella, cerré los ojos y me dije que todo estaría bien, pues ahí estabas. Descubrí con el tiempo, que la fuerza de mis manos no era la misma, y aunque no quise soltarme, lo hice. Caí vertiginosamente, con miedo, y te busqué a tientas en la oscuridad pero tampoco te encontré. Aterricé en una nube. Tan lejos de casa, tan frío era todo ahí...
Ser mortal
Del polvo venimos, y al polvo volveremos, eso es lo que nos enseñan. ¡Ay de ti, hombre, ser mortal!
Estas manos, que dibujan, que pintan, que escriben, que acarician o golpean según la ocasión.
Estas manos que más de una lágrima han secado, y que con tanta ternura recorrieron tu rostro en busca de fiebre o quizás sólo por el placer de sentirlo. Estas manos que tan útiles han sido al propósito de trabajar y construir grandes cosas.
Estos brazos que se posaron en mi cintura para expresa disgusto o cansancio, y que tan pronto te han abrazado, cargados con todo mi afecto. Brazos fuertes, brazos débiles, todo dependía del momento y de la motivación.
Estas piernas que a tantos lugares me han llevado y me llevarán. Que se quedan clavadas al piso, piernas que esperan y que luego corren detrás de ti, siguiendo tu inconfundible rastro. Que bailan al ritmo de la brillante melodía de la vida.
Estos ojos que lloran, que se posan en cosas bellas, en esa mirada tuya que me provoca un escalofrío, un mágico y poderoso hechizo de pasión. Ojos que brillan de alegría y que se nublan de tristeza. Ventanas al alma que se abren y se cierran al compás de un simple parpadeo. Silenciosos mensajeros de amor y de añoranza, de odio y de tragedia.
Estos labios que hablan, que gritan y que de pronto se quedan sin palabras como por encantamiento, y que son capaces de las dulces frases y a la vez, de los más filosos improperios. Dejan escapar quejas y emociones, canciones y melodías teñidas de gozo o de soledad. Estos labios que te besan y que al sólo contacto con los tuyos parecen volverse más suaves, más dóciles, más tiernos.
Este cuerpo orgánico por cuyas venas circula sangre carmesí, sangre sana y rebosante de calor y nutrientes. Este cuerpo que vestí con tan bellas ropas y alimenté con los más variados platos. Este cuerpo que bailó con el tuyo y para el tuyo. Yo, que por este cuerpo, con esta vida supe amarte y recibir de ti todo lo bueno que un ser humano puede darle a otro. Un cuerpo que junto al tuyo superó tantos obstáculos y recorrió tantos caminos, tantos años. Un cuerpo que supo fundirse con el tuyo y demostrar que realmente estaba destinado a acompañarte para siempre, dueño de un corazón que late sólo porque el tuyo lo hace.
Y ahora, cuerpo en flor, alma florecida, vida esplendorosa maravillada ante el milagro de vivir. Sabedora de una existencia única, y sabedora de un futuro más o menos incierto.
Sabedora de la muerte segura.
Porque aquí me encuentro, sentada y mirando al infinito, con la idea de que llegará el fatídico día en que estas manos ya no sean capaz de crear nada, acariciar nada, tocar nada. Y estos brazos se quiebren, incapaces de levantarse siquiera a sí mismos. Y estas piernas ya no me trasladen cerca ni lejos, y que ya no puedan seguir tu rastro. Y estos ojos se marchiten, y no pueda penetrar en ellos la luz, ni siquiera la de tu mirada; que no sean ventanas al alma y no revelen más que la inequívoca presencia de la muerte. Y estos labios se callen para siempre, y ya no te puedan besar ni dedicarte aquellas dulces frases, ni esas canciones que tanto nos gustan ahora.
Así es, llegará el fatídico día en que este cuerpo orgánico ya no sea mío, sino que vuelva al polvo, reclamado por la naturaleza. Aquellos días de lucha, de fantástico amor, de sueños compartidos, se sangre y sudor y también lágrimas... Nuestras miradas, nuestros secretos, todos nuestros placeres y promesas se disolverán convertidos en recuerdos. Recuerdos arrojados a una línea de tiempo que amenaza con matarlos a medida que avanza.
Seremos parte de la Historia, como dos cuerpos que supieron trabajar, crecer, amarse hasta el último suspiro. Dos cuerpos que en vida se olvidaron completamente de que eran eso mismo: polvo concentrado en un organismo viviente, y se atrevieron a convertirse en algo más grande, y quizás, más noble.
Me pregunto si entonces, cuando ya no circule la misma sangre carmesí por mis venas y el corazón se seque, en medio del cofre de hueso que hoy es mi pecho, el tuyo seguirá latiendo con el mismo vigor que ahora, o simplemente seré yo quien esté marchando a tu encuentro. Y si aún cuando esta carne perezca y sea enterrada a la espera de su propia corrupción, todavía tendremos la oportunidad de volver a encontrarnos y continuar nuestra historia, pero en otro mundo, en otro tiempo y lugar, privados ya del dolor y dispuestos únicamente a la contemplación y el disfrute de lo verdaderamente bello, de lo verdaderamente noble.
Estas manos, que dibujan, que pintan, que escriben, que acarician o golpean según la ocasión.
Estas manos que más de una lágrima han secado, y que con tanta ternura recorrieron tu rostro en busca de fiebre o quizás sólo por el placer de sentirlo. Estas manos que tan útiles han sido al propósito de trabajar y construir grandes cosas.
Estos brazos que se posaron en mi cintura para expresa disgusto o cansancio, y que tan pronto te han abrazado, cargados con todo mi afecto. Brazos fuertes, brazos débiles, todo dependía del momento y de la motivación.
Estas piernas que a tantos lugares me han llevado y me llevarán. Que se quedan clavadas al piso, piernas que esperan y que luego corren detrás de ti, siguiendo tu inconfundible rastro. Que bailan al ritmo de la brillante melodía de la vida.
Estos ojos que lloran, que se posan en cosas bellas, en esa mirada tuya que me provoca un escalofrío, un mágico y poderoso hechizo de pasión. Ojos que brillan de alegría y que se nublan de tristeza. Ventanas al alma que se abren y se cierran al compás de un simple parpadeo. Silenciosos mensajeros de amor y de añoranza, de odio y de tragedia.
Estos labios que hablan, que gritan y que de pronto se quedan sin palabras como por encantamiento, y que son capaces de las dulces frases y a la vez, de los más filosos improperios. Dejan escapar quejas y emociones, canciones y melodías teñidas de gozo o de soledad. Estos labios que te besan y que al sólo contacto con los tuyos parecen volverse más suaves, más dóciles, más tiernos.
Este cuerpo orgánico por cuyas venas circula sangre carmesí, sangre sana y rebosante de calor y nutrientes. Este cuerpo que vestí con tan bellas ropas y alimenté con los más variados platos. Este cuerpo que bailó con el tuyo y para el tuyo. Yo, que por este cuerpo, con esta vida supe amarte y recibir de ti todo lo bueno que un ser humano puede darle a otro. Un cuerpo que junto al tuyo superó tantos obstáculos y recorrió tantos caminos, tantos años. Un cuerpo que supo fundirse con el tuyo y demostrar que realmente estaba destinado a acompañarte para siempre, dueño de un corazón que late sólo porque el tuyo lo hace.
Y ahora, cuerpo en flor, alma florecida, vida esplendorosa maravillada ante el milagro de vivir. Sabedora de una existencia única, y sabedora de un futuro más o menos incierto.
Sabedora de la muerte segura.
Porque aquí me encuentro, sentada y mirando al infinito, con la idea de que llegará el fatídico día en que estas manos ya no sean capaz de crear nada, acariciar nada, tocar nada. Y estos brazos se quiebren, incapaces de levantarse siquiera a sí mismos. Y estas piernas ya no me trasladen cerca ni lejos, y que ya no puedan seguir tu rastro. Y estos ojos se marchiten, y no pueda penetrar en ellos la luz, ni siquiera la de tu mirada; que no sean ventanas al alma y no revelen más que la inequívoca presencia de la muerte. Y estos labios se callen para siempre, y ya no te puedan besar ni dedicarte aquellas dulces frases, ni esas canciones que tanto nos gustan ahora.
Así es, llegará el fatídico día en que este cuerpo orgánico ya no sea mío, sino que vuelva al polvo, reclamado por la naturaleza. Aquellos días de lucha, de fantástico amor, de sueños compartidos, se sangre y sudor y también lágrimas... Nuestras miradas, nuestros secretos, todos nuestros placeres y promesas se disolverán convertidos en recuerdos. Recuerdos arrojados a una línea de tiempo que amenaza con matarlos a medida que avanza.
Seremos parte de la Historia, como dos cuerpos que supieron trabajar, crecer, amarse hasta el último suspiro. Dos cuerpos que en vida se olvidaron completamente de que eran eso mismo: polvo concentrado en un organismo viviente, y se atrevieron a convertirse en algo más grande, y quizás, más noble.
Me pregunto si entonces, cuando ya no circule la misma sangre carmesí por mis venas y el corazón se seque, en medio del cofre de hueso que hoy es mi pecho, el tuyo seguirá latiendo con el mismo vigor que ahora, o simplemente seré yo quien esté marchando a tu encuentro. Y si aún cuando esta carne perezca y sea enterrada a la espera de su propia corrupción, todavía tendremos la oportunidad de volver a encontrarnos y continuar nuestra historia, pero en otro mundo, en otro tiempo y lugar, privados ya del dolor y dispuestos únicamente a la contemplación y el disfrute de lo verdaderamente bello, de lo verdaderamente noble.
lunes, 12 de mayo de 2014
¡¿Que qué me pasa?! Ni yo sé
Bueno, básicamente solo quiero compartir mi terrible estado de ánimo ¿Por qué? Porque necesito escribir de una vez lo que me pasa, lo que no quiero contarle a nadie porque no vale la pena comunicar a otro ser humano (cercano, al menos) esto que puja por salir. Estoy indignada y decepcionada de mí misma ¿Por qué me cuesta tanto expresarme y adaptarme con un convencimiento pleno a lo que me toca vivir?¿Por qué soy cada vez más intolerante? Será porque me siento sola de vez en cuando y no sé cómo decirlo, o tal vez la razón sea que, simplemente, soy estúpida.
Es increíble el revuelo que tengo en la mente ahora, todo se atropella, todo fluye sin sentido alguno, todo me molesta y a la vez me parece muy normal. Se lo atribuyo a mi temperamento, a mi carácter, a esta manera de ser tan caótica e histérica que me tocó y que no sé cómo controlar. En segundo lugar, podría deberse a que empecé la facultad y en cada bendita comisión hay un grupo de gente distinto, y no percibo ese espíritu de camaradería que me unía a mis amigas en secundaria... trato de ser una persona fría a la cual no le afecta estar sola (que solo cumple con un horario y ocasionalmente habla con algún compañero). A veces lo logro, a veces me vence este lado emotivo que me hace sentir incómoda y miserable aún sabiendo lo infinitamente afortunada que soy por tener una familia, por asistir a una facultad pública (y de hecho, las clases me gustan mucho), por tener amistades y una persona sumamente especial que es mi apoyo para todo (pero a la que no quiero incomodar con todo lo que estoy escribiendo). ¿Y saben qué? Esta historia no tiene final por ahora, siento que esto es lo más parecido a una espina clavada e infectada que no puedo sacar, pero escribir alivia un poco...
De verdad, quiero ser optimista, pero me mata no tener más gente alrededor mío. O sea, amo estar sola, pero "la soledad es un buen sitio para visitar, pero no para quedarse". Dicho de otra manera: Quiero ser una chica carismática, no sólo un personaje de relleno de la realidad. Quiero socializar, hacer amigos, hablar de cosas normales y mundanas, del fin de semana, de la familia, de comida, qué se yo, ¡algo!
Quiero discutir sobre Dios y su naturaleza, sobre la clave de la felicidad, sobre hobbies, sobre series, sobre la sociedad en general... pero sin imponer ni que se me imponga nada.
Mmmm aunque pensándolo mejor, quizás estoy enojada conmigo y con el mundo porque ni yo puedo expresarme (porque soy una idiota) y la vez no me dejan expresarme (oh, pobre alma incomprendida). No me dejan estar tris en serio, ni descargarme en serio, ni nada parecido, es como si nunca hubiera tiempo, o como si estar simplemente.. esta mal, es inaceptable. Esta manera de pensar podría ser mala o buena, teniendo en cuenta de que estoy estudiando para ser psicóloga y es difícil no autoanalizarme a cada rato jaja y de vez en cuando admito que se me va la mano con el pensamiento pseudofilosófico acerca de lo que es la felicidad, cómo surge la tristeza y hasta qué punto es aceptable, qué quiero y cómo lo obtengo. No sé, es raro y un poco perturbador a la vez, es casi enfermo.
Por ahora me conformo con sobrevivir y dejar mi cabeza en blanco, tratar de ser más objetiva y perdonarme. La verdad, escribir me hace bien, y puedo escribir lo que quiera ya que aunque esto es totalmente público nadie lo leerá. Si no fuera tan perezosa escribiría más, no sé.
Por ahora, se termina acá, estoy cansada, y ya dije lo que quería (suponiendo que de verdad lo que escribí es lo que realmente quiero, ¿cómo saberlo?) Así que... basta de análisis nocivos y a mirar para adelante, basta de desencantos y desilusiones. Me pongo la armadura que se vienen los parciales, no puedo hacerle caso a cada cosa negativa que me dicen si quiero aprobar. Voy a luchar por mí y por mis sueños, nadie más lo va a hacer, y no soy ninguna fracasada. Haré lo que pueda, y si muero... no será por haber huído.
Tenga un buen día todo el mundo, y no se auto analicen a menos que estén preparados para cualquier golpe.
Es increíble el revuelo que tengo en la mente ahora, todo se atropella, todo fluye sin sentido alguno, todo me molesta y a la vez me parece muy normal. Se lo atribuyo a mi temperamento, a mi carácter, a esta manera de ser tan caótica e histérica que me tocó y que no sé cómo controlar. En segundo lugar, podría deberse a que empecé la facultad y en cada bendita comisión hay un grupo de gente distinto, y no percibo ese espíritu de camaradería que me unía a mis amigas en secundaria... trato de ser una persona fría a la cual no le afecta estar sola (que solo cumple con un horario y ocasionalmente habla con algún compañero). A veces lo logro, a veces me vence este lado emotivo que me hace sentir incómoda y miserable aún sabiendo lo infinitamente afortunada que soy por tener una familia, por asistir a una facultad pública (y de hecho, las clases me gustan mucho), por tener amistades y una persona sumamente especial que es mi apoyo para todo (pero a la que no quiero incomodar con todo lo que estoy escribiendo). ¿Y saben qué? Esta historia no tiene final por ahora, siento que esto es lo más parecido a una espina clavada e infectada que no puedo sacar, pero escribir alivia un poco...
De verdad, quiero ser optimista, pero me mata no tener más gente alrededor mío. O sea, amo estar sola, pero "la soledad es un buen sitio para visitar, pero no para quedarse". Dicho de otra manera: Quiero ser una chica carismática, no sólo un personaje de relleno de la realidad. Quiero socializar, hacer amigos, hablar de cosas normales y mundanas, del fin de semana, de la familia, de comida, qué se yo, ¡algo!
Quiero discutir sobre Dios y su naturaleza, sobre la clave de la felicidad, sobre hobbies, sobre series, sobre la sociedad en general... pero sin imponer ni que se me imponga nada.
Por ahora me conformo con sobrevivir y dejar mi cabeza en blanco, tratar de ser más objetiva y perdonarme. La verdad, escribir me hace bien, y puedo escribir lo que quiera ya que aunque esto es totalmente público nadie lo leerá. Si no fuera tan perezosa escribiría más, no sé.
Por ahora, se termina acá, estoy cansada, y ya dije lo que quería (suponiendo que de verdad lo que escribí es lo que realmente quiero, ¿cómo saberlo?) Así que... basta de análisis nocivos y a mirar para adelante, basta de desencantos y desilusiones. Me pongo la armadura que se vienen los parciales, no puedo hacerle caso a cada cosa negativa que me dicen si quiero aprobar. Voy a luchar por mí y por mis sueños, nadie más lo va a hacer, y no soy ninguna fracasada. Haré lo que pueda, y si muero... no será por haber huído.
Tenga un buen día todo el mundo, y no se auto analicen a menos que estén preparados para cualquier golpe.
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