"La lluvia empezó a caer a media mañana, refrescando todo el campo. En ese momento estaba completando unos registros del clima de la región donde me estaba quedando. Era el último día para entregarlos a la oficina central, sino, corría el riesgo de ser despedido, ya que aún había varias cartas de "último aviso de retraso de entrega" por todo el escritorio, que se mezclaban con tarjetas navideñas y más papeles de tareas sin hacer. En los 15 años que llevo trabajando como meteorólogo vi de todo: días calurosos y húmedos seguidos de días fríos y secos, tormentas con agua y granizo, tornados de todas las formas y tamaños, huracanes demoledores, lluvias que ayudan a salvar campos y otras que los arruinan, en el campo y en la ciudad, de norte a sur y de este a oeste. Viví estas condiciones extremas como un reto de supervivencia, algo a lo que nadie se atrevería a seguir y registrar en vivo y en directo, y que por sobre todas las cosas me hacía sentir realmente vivo.
Pero no todo es tan fácil y divertido, la mayor parte del tiempo es estudio y papeleo, y comunicados para que todos se enteren de cómo esta el tiempo en tal o cual lugar. Aburrido. Hacía tiempo que no sentía la emoción de seguir una tormenta, demasiado para mi gusto.
Así que, como decía, una liviana lluvia estaba cayendo sobre el campo y el pueblo, y salpicaba la ventana de mi habitación mientras mis ojos luchaban por cerrarse porque aunque no lo crean, había dedicado la última noche a trabajar.
Afuera, la lluvia se intensificó y las nubes se oscurecieron repentinamente. El viento, que parecía descender del cielo mismo, con furia, arremolinaba las gotas de lluvia hasta enfriarlas, convirtiéndolas en pequeños cristales puntiagudos. ¿Podrías ser que...? Inmediatamente salí corriendo con un paraguas en una mano, y un bolso con registros en blanco y algunos elementos de medición primarios en la otra. La emoción de la vuelta a los viejos tiempos me hizo correr rápido y ciegamente hasta el centro mismo del campo, pero...
Los rayos aparecieron iluminando toda la tierra, devolviéndome a la realidad, y solo entonces comprendí cuán solo estaba. Los nogales, los establos, los animales, incluso las casas del pueblo habían desaparecido de vista. Contemplé el cielo, y tuve la impresión de que las nubes bajaban a cada momento, a punto de aplastarme, mientras el viento y la lluvia helada empeoraban. Solo yo, y la tormenta, nada mas. Entonces, en medio de semejante inmensidad, rodeado por los remolinos cristalinos (y por primera vez), tuve miedo. Me sentí pequeño, tembloroso, totalmente indefenso y abandonado frente al desastre.
Pero el silencio dio lugar a un rugido lejano, que se acercaba más y más con asombrosa velocidad, y la luz de un enorme rayo inundó el cielo y la tierra, hasta llegar sobre mi cabeza y por fin, caer. Cerré los ojos y esperé.
....
La luvia se había detenido, ya eran más de las tres de la tarde, ¿cuánto habría dormido? no lo sabía ni importaba ya, todavía tenía muchos papeles que ordenar y sentía tanto frío."
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