lunes, 6 de enero de 2014

Su mirada me inspira a escribir tantas historias

  "No me había dado cuenta sino hasta después de su partida. Sus ojos se cerraron, transparentes y acuosos, tan profundamente azules como dos lagos perfectos. Yo los miraba, cuando aún podían mirarme... nuestros ojos se encontraban, y los suyos me atravesaban y me absorbían a la vez. Era un sentimiento casi mágico en el que intervenía la hipnosis que me inducían esos dos zafiros simétricos.
  Una frente a la otra, nada más, iluminadas apenas por la luna en el vestíbulo de nuestra casa en el campo. El aire estaba impregnado del perfume de la primavera y nosotras solo permanecíamos sentadas sobre la alfombra contemplándonos mutuamente, así pasábamos horas enteras, cantando en voz baja y perdiéndonos en la mirada ajena.
  Dentro de sus ojos yo veía sueños rotos y algunos nuevos, y peces que nadaban con si los guiara un vals por todo el iris. Veía el cielo despejado siendo atravesado por pájaros negros y blancos, capas de raso azul de las faldas de cien bailarinas que pasaban una detrás de otra, seguidas por un paisaje de montañas en donde llovía, y miles de cristales de hielo formaban un torbellino que me helaba la sangre. Un caleidoscopio blanco... Entonces, Las visiones cambiaban paulatinamente, sus pupilas se agrandaban nublando todo lo anterior y los paisajes y las criaturas vivientes eran desplazadas para dar lugar a otro tipo de imágenes desquiciadas. Detrás de los cristales de hielo se dejaba ver un lago frío, que se acercaba y se ensanchaba cada vez más. De su superficie asomaban dos manos que se agitaban luchando por salir a flote... pero no lo lograban. El cuerpo blanco sin vida se hundía en el agua. Todo se volvía negro y ya no me podía mover. Hacía frío, y con cada parpadeo la visión se repetía una y otra vez.
  De pronto, todo se nubló... entonces el agua inundó mis pulmones y ya no pude ver nada."


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