miércoles, 8 de enero de 2014

¡Quiero ser un gato!

  Por favor no me vayan a malinterpretar jaja En estos días de calor, vivo sin ganas de hacer nada, por lo que ando acostada por cualquier lado (mi cama, la cama de mis padres, el sillón, el piso de cualquiera de las habitaciones)con la inocente esperanza de refrescarme. Entonces se me ocurrió cuán genial y conveniente sería ser un gato: dormir en cualquier lado, tener gracia, agilidad y elasticidad envidiables, aparte de una apariencia super tierna! y uno de los puntos que consideré muy interesante y divertido es el hecho de tener una graciosa cola flexible que se puede mover a voluntad. Además, son diestros cazadores por naturaleza.
  En Egipto el gato era considerado un animal sagrado ya que una de sus diosas había sido representada con una cabeza de gato. Y ésta era la diosas Bastet, que simbolizaba la fecundidad, la belleza, la luz, el calor y la energía solar, el misterio, la noche y la luna. Además, se pensaba que ayudaba a la fecundidad de hombres y animales, que curaba enfermedades y que velaba las almas de los muertos. Así que las leyes impuestas por el faraón brindaban protección especial a estos animales. 
  Los chinos lo convierten en símbolo de paz, fortuna y serenidad en la familia, además de alejar a los demonios. 
  Los japoneses  relacionan siempre a los gatos con las mujeres hermosas, relación que se encuentra en poemas japoneses, donde el gato está estrechamente asociado a las gracias de la mujer. Símbolo de la sensualidad y del deseo, el gato representa igualmente el encanto de la decadencia. Sin embargo, hay también una versión sombría e inquietante del gato, resultante de la tradición popular.
  En la India, el gato es honrado como en Egipto. Hay pequeñas estatuas hechas de cerámica que muestran esta honra, en las que se instalaban  lámparas de aceite para asustar a los ratones por la noche, de la misma forma que los ojos del gato se iluminan por la noche. Esta facultad se usó también para alejar a los malos espíritus.
   En la Europa medieval sin embargo,el gato se asociaba a la mala suerte y al mal, y dado que era negro, también se asociaba al disimulo y a la feminidad. Su comportamiento sexual muy expresivo, su gran necesidad de dormir (considerada pereza) y sus vagabundeos han contribuido a forjar una imagen negativa. Era el animal del diablo y de las brujas. Se le atribuían poderes sobrenaturales, como la facultad de tener siete vidas. En el caso de los gatos negros, color que se asociaba al diablo, una única mancha blanca en el pecho o en el cuello les concedía clemencia, ya que se consideraba que era una manifestación divina. La inquisición reunía en la misma hoguera a los herejes, a las brujas, a los asesinos y a los gatos en la noche de San Juan. En las grandes plazas de los municipios, los lugareños erigían hogueras en las que echaban a los gatos que habían capturado. Fue así como el gato estuvo ausente en la gran peste negra del siglo XIV. Las creencias duraron varios siglos, alimentadas por los hombres de la iglesia, los soberanos y los príncipes. Sin embargo, el Renacimiento significó un cierto cambio en la suerte de los gatos, especialmente debido a su acción preventiva contra los roedores, devoradores de las cosechas. En 1648,el rey Luis XIV, gran amante de los gatos, prohibió quemar a los gatos en la hoguera de la noche de San Juan, ya que calificaba esta tradición de bárbara y primitiva. Sin embargo, no fue hasta la revolución francesa que las hogueras se consideraron unánimemente supersticiones y actos de crueldad.
  Entonces, la imagen del gato alrededor del mundo y a través del tiempo (llegando hasta nuestra época) ha fluctuado entre la divina y la demoníaca, pero más allá de todo eso todos coinciden en el misterio y la fascinación que despierta este simpático animalito. Más allá de todo eso, me quedo con la sencilla imagen del gato como mascota o animal doméstico al que uno cree poseer como dueño pero que en realidad solo puede sucumbir ante los deseos o caprichos de esta criatura. Definitivamente los gatos son mis animales favoritos por la historia que arrastran, por lo que fueron y por lo que son, así de simples y complicados a la vez pero siempre maravillosos.

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